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Nevado del Ruiz- Manizales-Caldas

Actualizado: 15 ene

Hay viajes que se disfrutan y otros que te transforman. Nuestra experiencia en el Nevado del Ruiz fue de las que dejan huella: tres días de montaña, termales, pueblos de colores y paisajes tan distintos a la ciudad que parecían de otro mundo. Fue una travesía que no solo retó el cuerpo, sino que enriqueció el alma.


Día 1 – Mirador Cerro Gualí, frailejones y aguas termales


El primer día fue una entrada majestuosa al páramo. Desde el Mirador del Cerro Gualí el paisaje se abrió ante nosotros como una postal viva: montañas infinitas, nubes bajas y ese silencio profundo que solo existe en las alturas. Allí conocimos los frailejones, guardianes del agua y del ecosistema, con su forma única y su presencia casi sagrada.

Caminar entre ellos fue como entrar a otro planeta. El aire frío, limpio y potente nos llenaba los pulmones y la mente se despejaba con cada paso. Después de la caminata, los Termales del Ruiz fueron el regalo perfecto. Sumergirse en esas aguas calientes, rodeados de montaña y vapor, fue una mezcla perfecta entre descanso y conexión con la naturaleza.



Día 2 – La caminata al Nevado del Ruiz


El segundo día fue el más desafiante y, quizás, el más memorable. La caminata hacia el Nevado del Ruiz nos llevó por terrenos cambiantes: senderos de roca, tramos de arena volcánica, viento frío y un paisaje que iba transformándose a cada kilómetro.

Aquí el cuerpo trabaja, pero la mente se fortalece. Cada paso exigía concentración, cada respiración se volvía más consciente. El grupo avanzaba unido, apoyándose, compartiendo silencios y sonrisas cansadas. Llegar a las zonas más altas del nevado fue una experiencia poderosa: estar tan cerca del hielo, del volcán, del cielo, te hace sentir pequeño… y al mismo tiempo inmensamente vivo.



Día 3 – Murillo, un pueblo que abraza el corazón


Después de la intensidad de la montaña, el tercer día nos recibió Murillo, un pueblo encantador, lleno de casas coloridas, calles tranquilas y una calidez humana que se siente en cada esquina. Caminar por Murillo fue como bajar el ritmo del alma, disfrutar sin afán, observar, conversar y simplemente estar.

Entre cafés, miradores y calles llenas de vida, cerramos esta experiencia entendiendo que viajar no es solo ir lejos, sino mirar distinto.



Una experiencia que va más allá del senderismo

Esta travesía al Nevado del Ruiz nos regaló algo invaluable: la posibilidad de ver paisajes que no existen en la rutina diaria, de sentir el frío del páramo, el calor de los termales y la alegría de un pueblo vivo. Fueron tres días de naturaleza, esfuerzo, descanso y conexión, una experiencia que nos recordó que el mundo es mucho más grande que la ciudad… y que nosotros también lo somos cuando nos atrevemos a explorarlo.


 
 
 

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CaminaPues, creado en el 2012. Grupo de caminantes de Antioquia

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